sábado, 22 de marzo de 2008

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL APLICADA A LA ODONTOLOGÍA



Dr. Fernando Itza - Médico Estomatólogo y M.B.A (España)


El término de inteligencia emocional se refiere a la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que mantenemos con las otras personas y con nosotros mismos.

Este concepto, pues, engloba habilidades muy distintas a la inteligencia académica, la capacidad exclusivamente cognitiva medida por el cociente intelectual. En este sentido, hay personas que son cognitivamente muy inteligentes pero que, al adolecer de inteligencia emocional, terminan trabajando para otros con cocientes intelectuales inferiores pero que poseen una inteligencia emocional superior a la suya.

Por ejemplo, todos nosotros podemos recordar algún caso de compañero brillante en el colegio y en la universidad, que posteriormente fracasó en su vida personal y profesional.

Este concepto de inteligencia emocional ha sido ampliamente divulgado por Daniel Goleman a través de sus ya famosos escritos. No obstante, fueron otros psicólogos Peter Salovey, de la Universidad de Yale,y John Mayer, que hoy en día trabaja que en la Universidad de New Hampshire quienes acuñaron en mil novecientos noventa una teoría que tenía en cuenta la inteligencia emocional; en los años ochenta, el psicólogo israelí Rubén Bar-On, creó otro modelo que adelantaba el concepto de inteligencia emocional y, en los últimos años, son varios los teóricos que han presentado variaciones sobre el mismo tema.

Al contrario que en el coeficiente de inteligencia, la inteligencia emocional no está determinada genéticamente y tampoco se desarrolla exclusivamente en nuestra infancia. Así pues, no debemos preocuparnos ya que tendremos el tiempo necesario a lo largo de nuestra vida para desarrollar dicha inteligencia.

De hecho, los estudios que han tratado de rastrear el proceso evolutivo de la inteligencia emocional a lo largo de los años parecen señalar que las personas desarrollan progresivamente mejor este tipo de aptitudes en la medida en que se vuelven más capaces de manejar sus propias emociones e impulsos, de motivarse a si mismos y de perfeccionar su empatía y sus habilidades sociales.

Todo lo expuesto sería lo que en época de nuestros padres y años posteriores se denominaba madurez.

Como empresarios autónomos precisaremos una serie de cualidades para el desarrollo adecuado de nuestras actividades. La capacidad de escuchar debe ser una constante en nuestro trato habitual con los pacientes, ya que nos evitará malos entendidos, equivocaciones diagnósticas y nos permitirá conocer con profundidad las auténticas demandas de nuestros pacientes.

Un ejemplo sería, no escuchar las preferencias de color para una prótesis por parte del paciente, que nos llevarían posteriormente a devolver el trabajo al protésico con toda consiguiente pérdida de tiempo, así como la mala percepción del servicio por parte del usuario.

Otra habilidad sería la adaptabilidad y capacidad de dar respuesta ante posibles dificultades y efectos secundarios de nuestros tratamientos. Nunca debemos dar la sensación de pérdida de control de lo que estamos realizando, pues genera angustia y desconfianza al enfermo.

El tranquilizar a través de argumentos persuasivos y bien explicados dará como resultado poder llevar el tratamiento a feliz término y sin contratiempos. Habremos demostrado confianza en nosotros mismos y el paciente lo percibirá de forma positiva.

La cooperación y la capacidad de trabajar en equipo son claros ejemplos de habilidades indispensables para llevar a cabo nuestro trabajo de forma fluida, sin que se note interferencia alguna exterior. Esto supone un menor desgaste emocional para los miembros del equipo y un crecimiento en las relaciones interpersonales.

Debemos esforzarnos por mejorar o satisfacer un determinado criterio de excelencia en todas las actividades que desarrollamos en nuestra clínica. Por ejemplo, los protocolos de esterilización deben seguirse de forma escrupulosa tanto por parte del profesional como del personal auxiliar. Otro ejemplo, tener como objetivo prioritario que los pacientes no esperen más de un cuarto de hora, y si no fuera así debemos advertírselo a su llegada.

Los pacientes tienen muy en cuenta la simpatía y amabilidad del profesional, así como el nivel de optimismo con que el profesional lleva a cabo sus actuaciones. Debemos mostrar iniciativas claras, por su prontitud, cuando se presenten problemas derivados de nuestros tratamientos,ofreciendo alternativas con una visión optimista. Sin dar sensación de incapacidad y explicando que los contratiempos son habituales en las ciencias médicas.

Cuando nos encontremos valorando un posible tratamiento o sus alternativas la confianza en nosotros mismos debe ser patente. El paciente aumentará su confianza y tendremos más posibilidades de que el tratamiento ofertado sea elegido.

La flexibilidad debe ser moneda común tanto para el trabajo en equipo como para nuestras relaciones con los pacientes. Ello derivará en una mejor integración entre la relación personal y el trabajo a realizar.

Debemos tratar de involucrar al paciente en todas estas habilidades aprovechando lo que decía Francis Bacon: “las conductas, como las enfermedades, se contagian unas a otras”.

El rol del error en el proceso de enseñanza aprendizaje

Quién no se equivoca?

Todos debemos y podemos equivocarnos. Desde que todos lo hacemos, EL ERROR ES EL MAESTRO POR EXCELENCIA, “equivóquense en la ciencia ” que luego será experiencia.

Quien teme al error, teme al crecer, ya que el temor nos paraliza, nos hace inoperantes. He cometido no sé qué cantidad de errores en mi vida (creo que muchos), y aunque no lo crean estoy orgulloso de ellos, ya que me han dado un gran cúmulo de experiencias, y ¿saben qué? jamás cometí uno solo de ellos queriendo hacerlo, siempre lo hice por ERROR.

Pero que es el error…???

En la perspectiva constructivista, el error es la expresión de una forma de conocimiento. “El error no es sólo el efecto de la ignorancia, de la incertidumbre, del azar como se cree en la teorías empiristas o conductistas del aprendizaje, sino el efecto de un conocimiento anterior, que tenía su interés, su éxito, por que, ahora, se revela como erróneo, o simplemente inadaptado. Los errores de este tipo no son erráticos ni imprevisibles ; están constituidos como obstáculos. Tanto en el funcionamiento del maestro como en el del alumno, el error es constitutivo del sentido del conocimiento adquirido” (BROUSSEAU, 1983).

El error es considerado de diferentes formas, a continuación se muestra una síntesis de algunas corrientes:

Aspectos considerados
para el
análisis

Los referentes platónicos
Platón

Los referentes logicistas
Formalista
Leibniz - Newton

Los referentes constructivistas Brousseau

El error:

Interpreta-ción de la/s causa/s de los errores.

Cómo corregirlos.

Actividades de remediación

En este modelo no hay lugar para el error.

Es considerado como un signo de la imperfección del alumno (no presta atención, no obedece al profesor, no ve el placer en el conocimiento).

Es necesario sancionarlo, no exhibirlo.

Es el docente el que reemplaza la técnica equivocada.

La matemática, considerada ciencia exacta, no puede dar lugar al error.

El error no puede ser otro que el cometido por el alumno: no debe suceder, ni aparecer, ni ser trabajado, ni ser comprendido.

Un error manifiesta la distancia al saber o la presencia de un saber diferente y no la ausencia de saber.

El error ofrece una vía de acceso al estado de saber del alumno.

El error señala al profesor cuáles son, para los alumnos los aprendizajes puestos en juego, en términos de utilización, de reelaboración, o de abandono de saberes y representaciones actuales.

Aprendemos, sobre todo, por nuestros errores : nos obligan a reflexionar.
¡Somos tan indulgentes en lo tocante a nuestros errores, cualquiera que sea su precio !
¿Por qué no serlo también respecto a los errores de nuestros alumnos? Si lo hiciéramos, frecuentemente sabríamos disculpar a los más vulnerables y más escrupulosos.
Hay una pedagogía, bien intencionada, que pretende obtener siempre una respuesta exacta y segura del alumno a toda pregunta que se le haga. El error es acechado, para ser denunciado, borrado, extirpado, lo más rápidamente posible, como una falta impura.
Sucede que este culto por la buena respuesta conduce a un conocimiento que es un verdadero adiestramiento. En matemática, no es suficiente disponer, bajo un estímulo, de una respuesta exacta ; es necesario también comprender la razón de la respuesta que se da.
Hasta que un alumno no nos ponga en guardia por una respuesta equivocada, sólo tenemos la presunción de que su comprensión es la correcta.
Respuestas o afirmaciones inexactas pueden provenir simplemente de que el alumno dice cualquier cosa, lo primero que le ha pasado por la cabeza ; pero puede suceder también que tales afirmaciones se deban a que el alumno tiene una forma de comprensión, un marco de pensamiento, diferentes de los nuestros. En este caso, captar el porqué de lo que ha dicho es comprender como ha pasado.

Comentarios

Excelente tópico de discusión. Entiendo que un análisis histórico de la percepción del error en el proceso de enseñanza y aprendizaje es en escencia un análisis de la evolución de la sociedad. Mientras que en el siglo XIX el error era inaceptable en cualquier disciplina, si hay algo que la humanidad ha aprendido en el último siglo es a tener la humildad de reconocer nuestra innegable capacidad de equivocarnos. Y de aprender de esas equivocaciones.
Quienes trabajamos en disciplinas como la informática y la matemática pronto aprendemos que el error está presente continuamente en nuestras acciones, y el punto central de nuestra visión al respecto consiste, antes que en no cometer errores, saber cuál es el camino que vamos a recorrer para rectificarlos cuando aparezcan.
La práctica en el aula, así como la práctica profesional, me ha enseñado que la inclusión del tratamiento pedagógico del error es fundamental. Más nos dicen las equivocaciones de nuestros alumnos que sus aciertos, ya que el error siempre es auténtico.
Como decían los integrantes del equipo de desarrollo de tecnología espacial de la antigua Rusia, "más nos enseña un lanzamiento fallido que diez lanzamientos exitosos".

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